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EL RINCÓN DE BES
Hola a todos/as:
Lo primero que voy a hacer es presentarme. Como ya sabéis mi nombre es Bes, y soy un dios. Un dios “discapacitado”, puesto que soy pequeño, el nombre técnico es acondroplasia, pero a mí me gusta más: pequeño. (Seguramente más de un mortal se habrá sorprendido: ¡un dios!. A los que por vuestra condición de practicantes, conocedores o ciudadanos de una sociedad con religión monoteísta, estáis acostumbrados a ver a la divinidad como perfección suma, esto os puede extrañar, pero veréis que en algunas culturas en las que existía una pluralidad de dioses, los había también como vosotros decís: “discapacitados”) Cuando alguien se ríe de mí, además de quitarle mi protección en todos los ámbitos de los que soy protector y de los que luego os hablaré, le digo que soy pequeño porque los atributos de mi sexo no me dejan crecer. Aquí tenéis otras representaciones mías.
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Ya os he dicho que soy protector. En el Antiguo Egipto era el dios del embarazo, del parto y posparto, de la cosmética, de la música y de la lujuria (antes os lo he dejado caer), también era ahuyentador de demonios. Se me representaba semidesnudo, cubierto con una ceñida piel de pantera, con la barba rizada, la nariz aplastada, los ojos hinchados, la lengua colgando y las orejas gachas (la verdad sea dicha, los mortales no representaban toda mi belleza). Cuando mi función era la de ahuyentar demonios, aparecía blandiendo un cuchillo y estrangulando una serpiente; en cambio, cuando ejercía como dios de la música, se me representaba bailando de modo gracioso mientras tocaba la pandereta o el oboe doble. Mi relación con la cosmética, los útiles de aseo y la música me asignaron un lugar en el séquito de la diosa Hathor, la madre de todos los dioses, diosa del cielo, de la alegría y del amor.
Pasé a Fenicia como dios de la risa y como protector frente a los males, así como a las colonias fenicias donde mi culto estaba muy extendido, también fui, por tanto, dios en Cartago y en sus colonias. Como ejemplos de mi extensión por el Mediterráneo señalaré, por un lado, mi templo en Bythia, en la isla de Cerdeña, un templo de planta tripartita con sucesión de cámaras, muy buen chalé por cierto; y por otro, un hecho que a los griegos llamaba mucho la atención, como era que en los mascarones de proa de los barcos fenicios con forma de cabeza de caballo, había efigies mías que estos ponían para preservar la nave de posibles maleficios.
En este, mi rincón, pretendo acercar a los mortales que lo visiten el conocimiento sobre otros destacados “discapacitados”, ¡si los dioses pueden serlo!, a lo largo de la historia. Algunos son dioses como yo, otros son personajes mitológicos, otros simples humanos más “capacitados” que los demás para muchas actividades.
También pretendo que conozcáis curiosidades sobre los que tenemos distintas capacidades. Espero que sea de vuestro agrado.
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